lunes, 3 de noviembre de 2014

El juego del miedo

Es esa sensación indescriptible, tan recurrente
Esas ganas de correr, de  gritar y lanzarse al suelo
Esas ganas de llorar y dormirse por cansancio, no por sueño
Es ese sentimiento tan persistente de que todo está mal
Que puede ir aún peor.
Y no sabes qué hacer, aunque lo sabes muy bien.

Porque no puedes actuar, te paralizas.
Porque quisieras llorar, gritar, lanzarte al suelo.
Pero no puedes
Porque si lo haces, sabes que te hundirás como una vez lo hiciste
Y de allí no saldrás nunca más
Porque es tan fácil caer, tan fácil sentirse cómoda en la oscuridad
Y dormir por siempre, sin saber si es de día o de noche.
Y es tan difícil caminar sin tropezarte en un sendero lleno de baches.
Y es aún más difícil levantarte cuando ya te has caído una vez.

Y entonces no sabes qué hacer.
Si liberar tus miedos con el riesgo de caer
O ignorarlos y sentirte oprimida todo el tiempo.
Porque sientes que es tan difícil poder enfrentarlos sin volver a caer
Porque este miedo te azora, te paraliza, te desorienta y te oprime.

Pero tienes que luchar contra esas cadenas que te oprimen
Tienes que saber utilizar a sus cómplices para liberarte
Tienes que dominarlos a ellos, para poder contra el más temido.
Se requiere de toda una estrategia.
Pero valdrá la pena.



Por eso dejaré que las lágrimas fluyan
Que los gritos salgan de mi boca.
Pero los dominaré, no me hundiré con ellos.
No me dejaré vencer tan fácilmente.

Sé que puedo ser mi peor enemiga
Pero también sé que soy la mejor aliada que puedo tener en este mundo
Por tanto vale la pena el riesgo.
Apuesto todo por mí, a que me mantendré a flote 
Aunque tenga que llorar cada noche para vencer el miedo
Porque el miedo nunca acabará si no lo enfrento con mis propias emociones.

Mi peor enemigo nunca se marchará si no lo enfrento de verdad.

Creo que es tiempo de pelear mis propias batallas
Que por tanto tiempo he ignorado
Que por tanto tiempo he necesitado ganar
Y que hoy más que nunca se vuelve un imperativo de cumplir.

Let the game begins.


domingo, 19 de octubre de 2014

Camaleón


Es un hecho. Te quiero. Te quiero un Oceáno Pacífico, inmensa y profundamente.

Te quiero como los niños de cinco años quieren a su primer amor, con toda la inocencia, la ternura y la límpida esperanza.


Te quiero a cada segundo, a cada instante, en cada bocado, bocanada, sorbo, escupo, humo, estornudo, llanto, risa, ahogo.


Te quiero tanto, que parece absurdo escribir estas líneas, parece absurdo que te quiera tan dramáticamente en cada acción de mi vida, pero ¿qué hacer si me invades el pensamiento? Puede que no sea todo el tiempo, pero tengo derecho a exagerar. Así como tú exageras que no te demuestro mi amor lo suficiente.


Pues aquí tienes una muestra de lo mucho que te pienso y te quiero, y una muestra de que no sólo con besos y actos en público se manifiesta amor.


El amor también puede ser literatura.


Puede ser poema, soneto, balada, canción, guión, composición, carta, papel, tinta, 

Puede ser sangre, mentira, muerte, vida, alcohol, sexo, drogas, noche, día.

El amor está en todas partes, el amor puede ser lo que quiera. Lo que quieras tú, lo que quiera yo.


Y yo quiero que esta noche, el amor sea los versos que te susurro al oído mientras intentas dormir.