martes, 13 de noviembre de 2012

Relativo

Odio pensarte a cada momento
Odio recordar tu sonrisa
Y tu mirada distraída acechándome
Tus palabras indirectas
Tus deseos reprimidos
Los besos que te pido cada noche
Los besos que nunca me diste
Y los que jamás me darás.

Intento sacarte de mis pensamientos
Pero no puedo
Y aunque lo intento
No lo consigo
Eres difícil, eres terco, molestoso,
Insistente, lento y cruel
Si te ríes de mí, te ríes de ti, no lo olvides jamás
Puede que intentes ignorarlo
Pero nos parecemos más de lo que puedes imaginar

Aunque tú seas un maniático insuperable
Y yo una desordenada de los infiernos
Tú paciente ante todo
Y yo impaciente siempre
Al fin y al cabo nos volvimos un alma que deseó lo mismo por siempre
Sin fin, para la eternidad y el infinito
Hasta que nos volvimos locos 
Y como en el big bang salimos expelidos.

Y tardaremos millones y millones de años 
En volver a encontrarnos en el punto exacto en que una vez nos vimos
Nos amamos y nos volvimos un solo material
Para volver a renacer como uno solo 
Y volver a explotar, volver a separarnos
Para siempre buscarte, desearte y amar aquel reencuentro 
Y sufrir la catarsis y el apocalipsis de nuestro amor 
Una y otra vez. 

Porque el amor puede ser así de grandioso y eterno
O así de pequeño y efímero. 
Todo depende cómo se mire.





jueves, 16 de agosto de 2012

Te pienso

Me gusta más tu ojo izquierdo que el derecho
Me gusta más cuando hablas que cuando callas
Porque no estás ausente
Porque puedo escuchar el sonido de tu voz.

Me gusta cuando me miras
Cuando me esquivas
Cuando me sonríes
Cuando me ignoras

Cuando me buscas y no me encuentras
Cuando te busco y no te encuentro
Cuando me buscas y me encuentras
Cuando te busco y te encuentro

Cuando nos buscamos y nos encontramos.

Me gusta cómo escapa de tu boca el humo del cigarrillo
Desprendiendo ondas, espirales y olor a tabaco
Llevándose tus ansias, tus dudas y un poco de tu vida
Un poco de tu ser, de tus pulmones
Para regalárselos a otra deambulante vida.

No sé de poesía
Ni tampoco de simetría
Como sabes tú
Como escribes tú

Sólo puedo ofrecerte estas palabras
Que jamás de los jamases leerás
Como prueba de lo mucho que te pienso
Y de lo poco que me esfuerzo
Por hacer unos miserables versos
A falta de poder darte unos cuantos besos

¡Oh! Cómo te pienso cada noche
Te pienso hasta el odio
Te pienso hasta querer arrancar de mí
Todo lo que hay de ti

Como si fuera fácil
Como si de verdad lo quisiera
Pero es mentira
Todo es mentira

Te pienso como loca
Te odio como loca
Me arrepiento como Judas
Y vuelvo a tropezar con la misma piedra
Esta vez porque llevo los cordones
De mis zapatillas desabrochados

Y te vuelvo a pensar
Y te vuelvo a odiar
Y te vuelvo a soñar
Y me comienzo a odiar

Siempre es así
Siempre es asá
Siempre lo mismo
Lo mismo siempre
De aquí para allá
De allá para acá

Siempre te pienso igual. 
Pero eso no quiere decir que siempre te ame igual...


miércoles, 15 de agosto de 2012

Si no eres tú...

Si no eres tú el que se aparece en mis sueños, son augurios que me hablan de ti.
Accidentes presagian problemas.
Desmayos que no quiero afrontar mis sentimientos.
Embarazo que algo dentro de mí está naciendo... pero por mi virtud, se aproxima un escándalo.
Claro que si pensamos en el psicoanálisis de Freud
Si soñé lo que soñé fue porque todo lo que pensé antes de dormir me jugó una mala pasada.
Y ni siquiera sé qué pensé antes de dormir.

miércoles, 13 de junio de 2012

Sueño contigo

Anoche soñé contigo. Estábamos tú y yo y un par de personas más que no logro recordar. Ellos se iban y quedábamos solo nosotros dos. 
No sé quién fue predeciblemente más torpe esta vez, porque tanto tú como yo lo somos.
A ti te encanta tirar el lápiz al suelo, parece una manía. Disfrutas de tus dedos inquietos, de tus manos  escurridizas que te ponen a prueba, que te dan en el gusto de dejarlos caer al suelo. Me pregunto si lo hacen para auxiliar en el suicidio de los lápices, que están condenados a servir a la comunidad académica hasta dejar en los pizarrones hasta la última gota de su sangre.
Y a mí me encanta botar lápices, papeles, golpear con más intensidad que la intención, recortar más allá de la línea punteada, escribir mi nombre de manera distinta cincuenta veces al día sin que me lo proponga; escribir jeroglíficos cuando tomo apuntes o debo hacer resúmenes, bordear mis cuadernos de arte abstracta, botar granitos de arroz fuera del plato... 
No sé quién fue más torpe esta vez, pero recuerdo un abrigo tirado en el suelo, y recuerdo que tú y yo nos acercamos a recogerlo, y empezamos a hablar. Y yo hablaba y hablaba, torpemente nerviosa. Y tú me escuchabas tranquilo, porque la que hablaba era yo, por lo que la torpeza recaía en mí. Y de pronto me miraste intensamente y pediste que repitiera lo que acabara de decir. Y por dios que trato de recordar aquella frase, pero no puedo. No recuerdo qué me pediste que repitiera, quizás una opinión, un comentario trivial o alguna pregunta. Pero sí recuerdo que te dije que lo haría, que lo repetiría, pero que además te diría otra cosa. Esa otra cosa que creo que jamás te la alcancé a decir. No sé si habría cambiado las cosas en mi sueño. Y te obedecí, nerviosa. Repetí lo que pediste que repitiera, y de pronto te acercaste a mi y me besaste. Pero no me besaste una vez. Y no me besaste larga e intensamente. No. 
Te acercaste a mí y me besaste como si fueras un niño, como si estuvieras impaciente y como si quisieras que nadie más nos viera.  Me besaste tres veces de manera escueta pero tierna. Y esos tres besos se sintieron en mi estómago como si me hubieras besado horas. Tres veces tuve tus labios sobre los míos. Tres aletazos consecutivos y violentos de una mariposa en mi interior. Mi corazón iba a estallar. 
Luego que me besaste, te quedaste mirándome, y fue en ese momento que agradecí no haberte dicho lo que te tenía que decir. Aquella era la oportunidad precisa de hacerte real jusitica, en ese momento en que te quedaste observándome sonriente,con tus mejillas sonrojadas, tus pómulos ocultando tus ojos cafés, y tu boca luciendo tus dientes de conejo, con el aspecto de un niño que los enseña con orgullo a los tíos de de visita. Parecías un niño. 
Eres tan tierno. Aún muero por decírtelo. Debes saberlo, gozas de tu ternura. Pero creo que yo la gozo más.  

jueves, 31 de mayo de 2012

Te necesito

Te necesito es una frase tan grande, tan abarcadora, tan intensa, tan provocativa, tan connotativa, tan impresionante, que a veces me resulta ajena.
En esos a veces siento que no me pertenece, que estoy exagerando, que es producto de mi imaginación, que estoy alardeando, que estoy fingiendo, que estoy mintiendo. Y la verdad no sé qué es correcto. No sé si es lo que de verdad siento o todo es una farsa. 
Puede que sea mentira que cada vez que suspiro, es porque quiero tenerte a mi lado, porque estuve pensando en ti incansablemente, sin darme cuenta que dejaba de respirar. Y por eso suspiré, porque me faltaba el aire, porque me voy tan profundo cuando pienso en ti, cuando te extraño y cuando "creo" que te necesito. 
Puede que sea mentira que en la noche, antes de dormir, no pueda despejar mi mente para poder descansar, porque sin proponérmelo, tu recuerdo me ataca tan violentamente que me hace estremecer, que me hace dar saltos en la cama, que me hace dar vueltas en la cama, para tener otra perspectiva de lo que pienso. Recargada en mi lado izquierdo pienso en ti y en lo que te quiero, y, según yo, una manera de dejar de pensar en aquel martirio, es voltearme al derecho. Quizás la comodidad podría causar que me dé por vencida y deje de pensar en ti. Pero todo sigue igual, te sigo pensando, te sigo imaginando, te sigo suspirando, y te sigo necesitando a cada segundo.
A la mitad de la noche quiero llorar, porque no estás a mi lado, porque  no tengo tu brazo sobre mi abdomen, o porque no siento tus pies rozarse con los míos. Y no escucho tu respiración profunda cerca mío.
No estás... sigo necesitándote, o sigo creyendo necesitarte. Y quiero llorar. Y lloro y te necesito más. Y pienso que es una estupidez extrañarte, y pienso que podría levantarme, irme de casa, ir hasta donde estés, y podría acompañarte en tu sueño y te dejaría de necesitar. 
Pero no puedo, nunca puedo. Siempre termina venciéndome el sueño. Siempre comienza otro día, para que llegue otra noche en que te necesite. Y llegó el día en que daría paso a esta noche, en la que en vez de estar bajo las tapas pensando en ti, me encuentro escribiendo estas palabras sin sentido, sin belleza, sin remedio, sin destinatario.
Y así quedo yo, con mis pensamientos, con mis palabras, todavía necesitándote. ¿O creyendo que te necesito?
Solo cuando te tenga respirando profundo junto a mí, sabré si de verdad te necesitaba o era una exageración mía.

viernes, 27 de abril de 2012

Risa

¿Cómo fue que tus ojos negros me seducieron?
¿Cómo sucedió que comencé
a recordar tu voz por las noches,
repasar tu rostro entero,
tus cejas y tus ojos,
tu nariz y tu boca
tus dientes y tu sonrisa?

Me encuentro a mí misma
cantando canciones de amor a viva voz
mientras pienso en tu nombre
e imagino tu voz al unísono junto a la mía.

Y al percatarme de ello,
comienzo a cuestionarme
pero no hay nada que cuestionar
mi risa incrédula lo confirma todo.

Mi risa y mi sonrisa siempre confirman todo.
Aparecen en el momento menos indicado.
Ponen en evidencia mi nerviosismo
Y mi descaro al observarte.

Mi sonrisa me dijo que me enamoré de ti
¿Podrá mi sonrisa decirte la próxima vez
que si río cuando me miras,
es porque en realidad te amo?


Quiero

Quiero que me abraces fuerte, 
que rodees mi espalda con tus brazos, 
que acaricies mi cabello con tus manos, 
y que tus dedos se pierdan entre ellos. 


Quiero que mi corazón sienta como late el tuyo, 
que sientas mi impaciencia en la torpeza, 
mi nerviosismo en el rubor de mis mejillas
y mis deseos en los susurros que escapan de mi boca.


Quiero separarme de ti un instante
mirarte a los ojos un par de segundos
bajar hasta tus labios y besarte unos cuantos minutos
y sentirte en mí una eternidad.


Quiero estar contigo.



Ausencia

No te puedo ver, no estás aquí.
 Aunque siento tu respiración sé que no estás aquí,
que estás en otra parte, en otra ciudad, en otro país,
en otro mundo, recavando en tus recuerdos para no sentirte tan miserable. 
Siento tu respiración, pero no siento que vives,
sólo estás funcionando, aparentando vivir aquí,
pero, ¿de qué te sirve aparentar vivir aquí, si no estás aquí?
¿Si no te encuentras en el lugar que deberías estar?
No me sirve de nada tenerte sentado al borde de mi cama,
recibiendo tus miradas vacías de cuando en cuando,
si en realidad no me ves a mí.
 Me sentiría menos sola si tu cuerpo no estuviera en mi habitación.
Tu ausencia es tan absorbente, que podría apagarme también
.
¿Qué te sucede hoy?
Siempre tuve claro que eras alguien bastante introvertido,
que no todo lo verbaliza, pero en esta oportunidad,
más que en las últimas veces, siento que no te conozco.
No hablas, no me miras, piensas en quien sabe qué.
Me siento incómoda, no sé cómo hacer que me hables.
Yo también comparto silencios, también he permanecido muda
y durante mucho rato, pero yo te miro, te sonrío.
Tu pareces estar aquí por obligación, sin ninguna intención de por medio. 
Me siento avergonzada, parece el final, pero no lo quiero.

Una vez más me miras,
yo estoy a punto de llorar, apartas la vista.
De seguro la cobardía te invadió aún más,
y no te atreves ni a romper con el silencio,
ni con ese hilo invisible que creía que nos unía.
Decidí esperar dos minutos para ser yo quien abra la boca.
Un minuto, minuto diez. 90 segundos...
98, 99, 100, y no pasa nada. Me arrepiento,
y quiero aumentar la cantidad a cinco. El segundo 300 se ve lejano,
 podría llegar tarde, pero los números van fluyendo a borbotones.

Tres minutos, y ya no soporto seguir contando,
tragué saliva, iba a hablar, pero no pude.
Mi lengua estaba adormecida, y mis ojos inundados.
Creo que el mundo se detuvo. Olvidé el día y la hora, y que respiraba.
Vi todo acabado, y con ello,
sentí que algo en mí también se había acabado, y no sé bien por qué,
no había comprometido demasiado en ese hilo invisible,
o eso creí al menos.

Te miro para saber si sientes lo mismo, pero no.
Estás ausente y da la impresión que no sientes nada.
Después de haberte observado quizás por horas,
decido apartar la vista, ya había colapsado ante tu presencia.
Al instante después, volteas tu cara y miras mis ojos
inundados de unas retenidas lágrimas.
Abres la boca y siento como todo tu ser se va nutriendo de vida.
Veo como partículas invisibles se van adentrando en tu piel,
en tus ojos, en tu rostro, y pareces una persona distinta.
Los ojos te brillan, y  tu respiración evidencia que vives.

No entiendo nada.
Tengo miedo, porque sonríes
y yo estoy a punto de soltar un sollozo.
Siento que fuera una pesadilla,
o una broma pesada.
Y hablas:
-Te quiero

Tuve que pensar horas que tenías coma mental,
que eras un cobarde,
que me ignorabas,
que no te importaba,
que eras un ser de otro planeta,
para escuchar por primera vez que me querías.
La verdad no sé si quiero escuchar que me amas.
La verdad es que sí, pero no estoy ansiosa.