Las nubes en lo alto del cielo
Y yo aquí en lo bajo de la tierra
Obedeciendo a las leyes de la física
Sometiéndome a la invisible gravedad
Todo puede parecer tan lejano y tan próximo a la vez
Tan difícil como fácil de un momento a otro
Absurdo y lógico
Extraño y habitual
Muerto o vivo
Solitario o concurrente
Todo puede parecer tan efímero.
¿Cómo es que llegamos al instante en que todo se ve como una
añoranza, un lejano recuerdo, un fútil vacío, junto con una alerta del tiempo de
tomar precaución?
¿Cómo es posible que lustros y décadas me sepan en la boca a
semanas o meses? ¿ y que mis
sueños infantiles, locos, se mezclen con mis inquietudes de la adolescencia,
sin yo notarlo, como si fueran lo mismo, y de pronto me encuentro a mí misma en
planificaciones de adulta? ¿Cómo pasé de los berrinches a soñar con tener mi
vida lejos de aquí?
Mi temor humano se mezcla con mi curiosidad infantil y mis
ansias de crecer adolescentes, y en este momento encuentro que ya no sé lo que
quiero. Si refugiarme en los recuerdos de la infancia, en los sueños de mi edad
o en las esperanzas que me esperan mañana. Es como encontrarme en tres lugares
a la vez y no poder focalizar ninguno en concreto. Estoy dividida en una vorágine,
volando de un momento a otro.
Ese malestar en el estómago podría no ser nervios o
incertidumbre, sino una consecuencia del estado de mi vida.
Pero a decir verdad siempre ha sido así, la diferencia es
que ahora estoy consciente de mis lugares y de que me acompañarán siempre. Porque
en la vida el último término que existe es la muerte. Nunca terminará la
infancia, la adolescencia, la juventud. Nos acompañarán siempre para ayudar a
levantarnos. El día en que los dejemos atrás, será el día en que decidamos no
vivir. No añorar la infancia es matar una parte de uno mismo.
Por eso, relájate. Ahora sabes que no estás solo.
Increíble que lo escribí con 17 años. Y ahora que tengo casi
21 años, sienta lo mismo. Quizás con los años la desorientación empeora, porque
mientras más vivo, aprendo y sé… en realidad, más perdida me siento en
este mundo infinito. Pero al menos ya perdí el miedo.
Con miedo no
se vive. Y yo quiero vivir.
No hay comentarios:
Publicar un comentario